7 herramientas: Prevención de Abuso sexual

La prevención de abusos es un imperativo para todos los que somos madres y padres, convivimos y/o trabajamos con niños y niñas. Por supuesto nos hacemos decenas de preguntas antes de emprender este camino: ¿no será demasiado, realmente es necesario, cuánta afectará su inocencia o confianza en el mundo, no estaremos pecando de sobreprotectores, histéricos, etc? Categóricamente SI a la necesidad de la educación y prevención, y rotundamente NO a los cuestionamientos sobre nuestra “exageración”.

Esto se trata de responsabilidad, de cariño, de honestidad en la presentación de un mundo -el que van habitando y haciendo suyo nuestros hijos- donde siguen siendo más las personas que cuidan, pero donde también existen motivos para estar muy atentos en la protección.

Los niños, llegada cierta edad y conforme crece su capacidad de comprensión, saben que exiten “desviaciones” del bienestar y el cuidado: escuchan hablar de robos y ladrones, de la violencia y las guerras, o el maltrato a los animales, o los daños al medioambiente. No por estas nociones van a quedar para siempre traumatizados, atemorizados, o van a perder vitalidad y alegría. Pero claro que dudamos, en lo personal y aún trabajando en esta esfera, se me ha hecho difícil con mis propias hijas (y querría un mundo donde jamás hubiese sido preciso hablar de abuso sexual o combinar esas dos palabras en relación a los más indefensos). Hasta que constato que su entusiasmo y maravilla ante la vida, y el disfrute de los vínculos, no cambian porque hayamos conversado de “riesgos” o de medidas de autocuidado.

Por el contrario, entregar ciertas herramientas se siente empoderante. Y obviamente no vamos a hablar de “delitos sexuales” o “redes de pedofilia” a niños pequeños (aunque crecerán y nos preguntarán muy seguramente por éstas y otras nociones difíciles), pero sí de formas de tocar apropiadas y completamente inapropiadas, del derecho a decir NO y protegerse, y junto con ello estaremos nosotros muy alertas en el cuidado y el rol que nos pertenece, en la supervisión, la guía, sin dubitar ni creer por un momento que por esto afectamos el espíritu democrático y respetuoso de nuestra crianza, sino que estamos ejerciendo responsabilidad y dando ejemplo de ella.

Si por ejemplo, definimos controles parentales o reglas -por ejemplo, en relación a ciertos juegos de video y la edad que indican, ni un día menos; o a cuentas en redes sociales, uso de internet, uso de celular generalmente pagado por nosotros, etc-, no nos convertimos en “policías” ni tiranos ni padres “anticuados”, se trata de reglas claras, y de una actitud de cuidado que los niños aprecian cuando es translúcida, y no un subterfugio para el control sin más. Además, las reglas se reciben bien cuando se acompañan de diálogos y escucha, de entrega de información imprescindible (aunque no nos guste, aunque nuestra opinión sea negativa en relación a ciertos temas, no negamos datos vitales, que aportan al autocuidado de nuestros hijos), y sobre todo de amor y respeto.

En esta tabla volvemos sobre elmentos como la información precisa, educación en sexualidad/afectividad y relaciones humanas, conversaciones acordes a las edades, contextos, y capacidades de comprensión de los niños; el respeto a la “voz del cuerpo” e intuición, enseñanza de derechos, ejercicio y expresión de preferencias, y  límites-límites-límites (una herramienta imprescindible). Son algunos pilares fundamentales, que siempre están en actualización, para la promoción del cuidado y la prevención de abusos. Más vasto aún: alcanzan el desarrollo de la identidad, del autoconocimiento, de la autoconfianza y autoestima de nuestros hijxs, y progresivamente, en la mirada de mediano y largo plazo, están proveyendo la base de sustento para el consentimiento adulto. Muchas gracias por concurrir. VJ

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