el encierro nunca. Siempre el cuidado

No es primera vez que, desde autoridades, funcionarios del Estado o personeros con responsabilidad pública, se comparten mensajes revictimizantes para niñas, niños, adolescentes, y también para personas adultas mujeres y hombres que han vivido experiencias de vulneración sexual.

“No pueden quejarse las mujeres [en casos de violación] si han tomado unas copitas de más”, “una niña si está embarazada es porque es apta para ser madre”, “no puede haber imprescriptibilidad del abuso sexual infantil porque las mujeres son vengativas” como escuchamos en directo de un académico de la facultad de derecho de la Universidad de Chile, en tiempos del trámite legislativo por el fin de la prescripción. Son sólo algunos ejemplos, entre cientos de ellos, que habilitan agresiones y abusos sexuales –con o sin intención, pero no cabe como excusa el desconocimiento sobre tramas violentas- de paso justificando posiciones de no-responsabilidad o hasta la propia impunidad de crímenes que todavía hoy, con toda la evidencia acumulada, empeños y millones de personas movilizadas por transformar sociedades violentas, siguen arrasando las vidas de miles de humanos niños y adultos.

En Chile, las recientes declaraciones de un autoridad municipal, el concejal Iván Roca (UDI), inculpando a víctimas y potenciales víctimas de abuso sexual infantil, y relativizando daños y responsabilidades de quienes abusan, nos regresan por la fuerza a la reflexión sobre cuánto en realidad estamos dispuestos, como sociedad, a comprometernos con el cuidado de la niñez y frente a las violencias sexuales. Y cuánta responsabilidad –o accountability- estamos preparados para exigir a nuestras autoridades en este sentido, no importa cuántos años debamos sostener el esfuerzo.

Los abusos sexuales y las violaciones son una tragedia, y se suma al dolor de las víctimas, el de seres queridos y sus comunidades. También la angustia en las familias de quienes son imputados y sentenciados por estos delitos. El concejal Roca tiene a su hijo de 33 años en prisión, por la violación de una niña de 12 años, y es humano que se sienta abatido, pero el estándar esperable y exigible a una autoridad no admite ignorancia  y menos desprecio de las leyes que rigen en nuestro país, muy claras en establecer el deber de protección a la niñez, así como en definir qué constituye abuso sexual infantil, junto a distinciones precisas, según edad, entre delitos de violación (hasta los 14 años) y estupro (luego de los 14).

El código penal en su artículo 362, es cristalino: toda relación sexual con un o una menor de 14 años es violación, y es así, porque no puede un ser humano niño o niña ejercer consentimiento a esa edad, menos cuando queda tanto camino de desarrollo evolutivo –25 años requiere la maduración del cerebro- para llegar a la adultez. El consentimiento se define, justamente, como una capacidad adulta. 

Perdón que me detenga en esto pero es, creo, fundamental hablar de consentimiento y lo que entraña: manifestación de voluntad, capacidad de discernir y deliberar para tomar decisiones que afectan la propia vida -y de otros-, comprensión de derechos y deberes, y de consecuencias que pueden tener las acciones decididas, entre otros. No se reduce a los Sí y los NO expresados en el ámbito sexual, si bien se suele asociar el consentimiento, principalmente, a este ámbito. Es más, los países definen “edad de consentimiento” como aquella que debe tener una persona para ser considerada legalmente capaz de consentir en una relación sexual. En algunos, puede ser a los 14, a los 13, en Nigeria a los 11 tal como en otros países donde el horror del matrimonio infantil es permitido. En otros, el esfuerzo se dirige a aumentar la edad de consentimiento, a la luz de evidencias científicas.

Existen diversos debates sobre grados de consentimiento, cerca de la mayoría de edad, y hay quienes proponen considerar a los adolescentes como adultos, o con mayor capacidad decisora, próximos al pasaje a la adultez. Hemos escuchado argumentos a favor de reducir la edad para votar, o para que se juzgue y condene a menores de edad infractores de ley, igual que a adultos. Otra línea de defensa, aun más espeluznante, ha venido desde movimientos públicos pro-pedofilia que buscan evitar la prosecución de pederastas. Pero también está la inquietud planteada por ciudadanos comunes y corrientes preocupados porque relaciones entre adolescentes donde el límite entre menor y mayor de edad en jóvenes que tienen, por ejemplo, 17 y 18, resulta problemático. Por eso, en países como EEUU, un número de estados ha adoptado reglas de excepción para quienes se aproximan a la mayoría de edad. Estas disposiciones conocidas como “leyes Romeo y Julieta”, señalan que dos personas adolescentes o jóvenes -donde una es menor y la otra mayor de edad- pueden legalmente tener relaciones sexuales en pleno uso de sus facultades y voluntad, si la distancia entre ellas es es de cuatro años o menos (como regla general). En algunos lugares, se contempla además -para diferencias muy en el límite o superiores a las ya definidas (por ejemplo, de cinco años, 16 y 21), una autorización legal de los padres, madres o custodios de la o el joven menor de edad. Nada de eso existe en Chile. ¿Debería ser contemplado? Es una pregunta que ha surgido en reflexiones de abogados, psicólogos, a propósito de cambios legislativos en otros países.

El concejal Roca, sin embargo, no plantea nada de lo anterior, sino que habla, equívoca y peligrosamente, además, de “relaciones consensuadas” entre adultos -sean hombres o mujeres- y menores de edad, sabiendo que son protegidos por la ley de perversiones como las que caben en su mirada de mundo: un mundo donde el problema no es la violación o las asimetrías y vínculos abusivos entre adultos y niños, sino cuerpos infantiles que se ven “más grandes” y causarían la “tentación” de “hombres que [en fin] son hombres”. En ninguna parte se deja entrever alguna inquietud del concejal por la indefensión, por las violencias sexuales y su impacto, o por las distorsiones que llevarían a adultos (o adultas) de 30 años, como su hijo, a pasar por alto leyes e imperativos éticos de cuidado para vulnerar a niñas de 12, o 14, que están todavía creciendo y construyendo sus identidades en sus mundos de infancia-adolescencia, tan distantes de los tiempos y lugares donde viven y se relacionan emocional, sexualmente personas adultas (con otros más cercanos a su etapa, obviamente mayores de edad).

Si de encerrar se trata ¿no debería dirigirse a otros la moción del concejal ? Tampoco eso aparece en sus declaraciones, revictimizantes para una niña, su familia, y dañinas para el cuerpo social. Mucho más en tiempos traumáticos como una pandemia.

Quizás desconoce el sr Roca –me cuesta imaginar cómo- la realidad del abuso sexual infantil en Chile y el mundo, las denuncias que se publican período tras otro en las noticias, y las múltiples advertencias en relación a conductas abusivas de pederastas solitarios u organizados en redes, algunas en el seno de instituciones que reconocemos como abusadoras crónicas (Iglesia Católica, organizaciones vinculadas a sistemas de protección, organizaciones deportivas, y un largo y desolador etcétera). Espero que alguien lo haya actualizado en estos días, y no sólo a él. Es hora que una diversidad de organismos o colectividades tengan no sólo la aspiración sino la exigencia de que sus representantes puedan realmente estar informados, alineados; más allá de marcos legales o índices de delitos, que sepan o se les pida formación en temáticas relativas al cuidado, al acompañamiento de las nuevas generaciones, a la prevención de violencias sexuales y de toda violencia. En países donde se ha amplificado la educación en desarrollo evolutivo y en trauma, ese sólo hecho ya se recibe en la población con eco humano, de esperanza, o reparador para muchos. “Un país que cuida” no es un mapa por ahí caminando solo y predicando el apoyo a la infancia o los más vulnerables. Somos las personas que lo habitan

Quizás con más información, jamás se le ocurriría a un funcionario público ni a nadie, hacer lo que hizo el sr Roca. Y desplazar la responsabilidad de una violación a las víctimas o potenciales víctimas niñas o niños, o a sus cuerpos, no es una confusión que simplemente pueda adjudicarse al estado emocional del concejal debido a la situación de su hijo de 33 años, en prisión, imputado por violación de una niña de 13 años. Tampoco es un malentendido, su idea de que es admisible un margen de exoneración a vulneraciones cometidas por hombres por el hecho de serlo simplemente, inculpando de paso a las niñas, o a sus familias, y asimismo a todos quienes somos parte de sociedades viviendo tiempos “demasiado liberales”.

El llamado al encierro y control de las niñas -no hay errores de comprensión de lectura-, cual objeto que se guarda bajo llave (como en tiempos de los cinturones de castidad y agradezcamos que el concejal no propone medidas más cruentas), y a una suerte de amparo para los hijos hombres adultos si “se relacionan con menores de edad” (como si eso fuera aceptable), es abusivo. Una perversión del ejercicio de autoridad,  y una aberración, en suma, frente a la cual sólo cabe el más categórico reproche.

(Querría también, aprovechando este momento, apelar a los medios para no continuar dando tribuna al concejal y a que los contenidos ya publicados, por favor, vayan acompañados de una muy necesaria advertencia preventiva para víctimas y sobrevivientes de trauma sexual).

Sin embargo, no alcanzarán el reproche o el rechazo, si no se dan además las debidas acciones de rectificación que podrían ser iniciadas con la sanción del concejal, una toma de posición clara de su partido, y la remoción del sr. Roca del gobierno municipal de la ciudad de Lota, de paso anulando su opción de continuar el camino a la reelección.

No es un delito en Chile la incitación al abuso sexual infantil, o su relativización por parte de las autoridades en mensajes públicos que no son sino distorsiones garrafales del cuidado y protección de la niñez, y de los límites que procuran prevenir o bien sancionan vulneraciones sexuales, o cualquier vulneración a la infancia. Pero sigue siendo legal y éticamente exigible al mundo adulto respeto y responsabilidad en la salvaguarda de integridad y derechos de las personas niñas, niños y adolescentes menores de edad.

La Convención de derechos de la niñez y nuestras leyes (aunque no sean todavía marcadas a firme por una ética del cuidado) invocan un respeto por el derecho al tiempo de las nuevas generaciones de cachorros humanos mientras crecen: que puedan transitar sus etapas y terminar de construirse, sin saltos ni asaltos a su ser.

Han pasado unos días y las declaraciones iniciales del concejal sólo han sido empeoradas con sus explicaciones, aun fijas en la dinámica de inculpar a víctimas y potenciales víctimas, y de exculpar a los responsables de abusos sexuales. Por otro lado, aunque no sea sorpresa, enfurece la dilación y negativa de la UDI a tomar medidas, aun valorando y agradeciendo mucho la inmediata reacción de la ex ministra Isabel Plá (y más tarde, algunas declaraciones de otros personeros). Sin embargo, entre comunicados y comentarios más o menos enfáticos u oportunos, lo central es que la reparación no asoma por ningún lado. No todavía.

El concejal  intacto, las candidaturas son lo único que prima, y así también nos aproximamos no sólo a elecciones sino a la redacción de una nueva constitución, todavía sin ley de garantías integrales, con una ley de educación sexual y afectiva saboteada, con un sistema de protección que sigue siendo recordado en tiempos de tsunami y dolor pero no en el cotidiano ni en clave de cuidado y florecimiento -cuando mucho en tónica de disminuir abusos y prodigar caridad, distinto a una ética del cuidado y compasión. Es más,  todavía tenemos que explicar por qué una de las transformaciones más fundamentales e imprescindibles en la nueva carta magna, es el reconocimiento de niñas y niños como sujetos de derechos, ciudadanos, y personas humanas que, como en otras constituciones se consagra, tienen además la prioridad siempre en todo lo que atañe al sostén de sus vidas, en todo el territorio nacional y en todo asunto de interés nacional.

Espero que luego de las declaraciones del concejal que han suscitado toda clase de reacciones, no pase lo de siempre y vuelva la niñez a su lugar menos visible y audible, o condicionada su presencia a la voluntad del mundo adulto o a las voces de candidatos aspirantes a municipios, constituyente, la Moneda, o lo que sea, que hablarán mucho de la infancia en estos meses, algunos por primera o única vez. Afinemos los sentidos por favor, y démonos tiempo para revisar trayectorias y consistencias antes de dar el voto que en el caso de padres, madres, abuelos, etc., no es sólo nuestro sino que también pensando en los niños y niñas con quienes vivimos.

No escribo sólo como profesional de la esfera del cuidado y la reparación en trauma por abuso sexual. Tampoco me voy a detener en lo que significa a nivel íntimo, como sobreviviente ASI, escuchar las abominaciones declamadas por el sr Roca, casi calcadas de muchas otras que oía en boca del padre incestuoso o su círculo de explotación, en años de infancia y durante la pubertad. Sobre todo quiero terminar estas letras, como mamá de dos hijas, una adulta y una niña de 12 años, y como madre recibo lo que ha dicho el concejal de Lota, así como la defensa que de él hace su partido (la entiendo así y no valen los comentarios condenatorios si se le absuelve en la continuidad de su candidatura), con todas las alarmas activadas en mi ser. Es perturbador, y miro a mis hijas, a la chica y la grande, pero hoy sobre todo a mi hija menor, su cuerpo (suyo, suyo, suyo), sus búsquedas y sueños de 12 años, y es inevitable sentir miedo, un miedo profundo y conocido que no tendría por qué llevar instalado en carne y alma por estos días, a causa de una autoridad (como si no bastara vivir en un mundo patriarcal, abandonador de miles, su injusticia y violencias infligidas de tantas formas).

¿Cuántas mamás y papás se habrán sentido así, cuántas niñas de 12 años, muchachas, mujeres de cualquier edad?¿Cómo se habrá sentido la niña de quien tan desafectadamente habla el sr Roca, exponiéndola y revictimizandola?  ¿Cuántos esperamos todavía alguna decencia y actitud justa de quienes tienen en sus manos la decisión de actuar ahora, y corregir? Parece que ni siquiera las elecciones próximas pesan mucho, o es que dan por descontada nuestra memoria fugaz.

Creo en la posibilidad de autoexamen y en los gestos de enmienda y restitución –que  víctimas y comunidades agraviadas tienen todo el derecho de no acoger-, y creo en la posibilidad de arrepentimientos y segundas oportunidades (porque soy humana y también me ha tocado arrepentirme y contar con espacio para cambiar y hasta transfigurarme). Sólo insito en que en este caso, como en otros ya vividos, hay señales y actos que no pueden estar ausentes y que deben venir, imprescindiblemente, de autoridades y colectividades políticas, del estado, el gobierno municipal, así como de la sociedad (que es la que mayor resonancia y claridad ha expresado hasta aquí).

Chile ha avanzado en años recientes en leyes tan relevantes como Entrevistas Videograbadas y la Imprescriptibilidad del abuso sexual infantil, e intenta –pese a enormes obstáculos- continuar por ese camino, desde la comunidad, y/o desde el compromiso de parlamentarias/os que han propuesto iniciativas como bases comunes para la educación sexual (ahora en suspensión por 2 años), protección integral para víctimas de ASI, y fin de la prescripción para los delitos de violación (en protección de víctimas de toda edad, niñas, adolescentes y adultas). Creo que necesitamos urgentemente profundizar las conversaciones e instancias donde podamos seguir empujando legislaciones del cuidado, y también donde podamos como familias, barrios, escuelas, comunidades diversas, seguir creciendo. Educando y educándonos. Partir desde la infancia temprana, con la enseñanza y la vivencia de los derechos humanos, del cuidado como una ética de sostén de la vida propia y de unos junto a los otros, aspirando a relaciones humanas no violentas, posibles desde la niñez, y en la experiencia de una adultez desplegada en el ejercicio de consentimientos, en toda relación de naturaleza adulta, en entornos adultos,  y entre adultos. Y aquí no sobra insistir ni cabe disculparse por la redundancia.

 

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Imagen de articulo sobre programas para niños y niñas de 6to, 7mo y 8vo.