Tabla: Mi cuerpo es un regalo, es mío, merece cuidado (para niños y niñas)

Algunos apuntes para acompañar el uso de esta tabla-guía:

El material que conocerán a continuación, ha sido preparado especialmente para niños y niñas en la prescolaridad y ciclo básico temprano, 0-7 años (puede ser más, he visto excelente resonancia hasta los 9, y en esos casos, se aborda con muchas más preguntas y opiniones que niños un poquito más grandes están en condiciones de desarrollar), y para ser trabajado en compañía de sus familias y/o docentes.

Una buena idea es fotocopiarlo y compartirlo con la familia extendida que siempre puede ser una gran aliada, pero contando con información clara acerca de qué etapas y tareas del desarrollo están viviendo nuestros niños, y qué temas estamos conversando con ellos.

Los elementos centrales de este material -inspirado en el libro “Mi cuerpo es un regalo”- son “mi cuerpo me pertenece, es mío, escucho su voz, lo cuido, me ayudan a cuidarlo, merece ser cuidado de la mejor manera”, y la noción de “círculo de cuidado” o cualquiera sea el nombre -red, team, “mis personas favoritas”- que cada niño, niña y/o su familia quieran dar a ese grupo muy exacto de personas que son fuente de afecto, confianza, y cuidado incondicional.

La “voz del cuerpo”, y las necesidades de salud y bienestar de cada cuerpo de los niños y las niñas, necesitan estar presentes siempre, son temas cotidianos, que podemos retomar a diario, en pequeños intercambios. Conozco a muchos niños/a que desde este acercamiento temprano a la consciencia de lo corporal, hablan de “mi cuerpo me pide más agüa, más postre, más juegos, más amor, o menos acelga o brocoli (jaja)” y que expresan sus emociones asentadas en el cuerpo.

Los límites comienzan aquí también, en los menos y más, en los después, en los “me da un poco de susto, me emociona, siento nervios (situaciones sociales nuevas, etc)”, o en los “prefiero jugar de esta forma sí y de esta no”. No puedo enfatizar lo suficiente, cuán importante es dar presencia al cuerpo y su voz, y ser nosotros capaces de escuchar y acoger lo que esa voz expresa, para que así nuestros hijos también aprendan a escucharse a sí mismos desde pequeños.

Es sumamente importante que trabajando este material, y siempre, periódicamente, en diversos contextos, propongamos a nuestras hijas e hijos nombrar una por una a estas personas, y nosotros registrar, esos nombres. Si son 5 (es un buen número), pueden nuestros niños, por ejemplo, anotar sus nombres en cada dedo de una mano, o hacer un dibujo (que reúna a la mamá, papá, alguna maestra/o, pediatra, un abuelox , por señalar algunas personas que se repiten en la mención/selección de niños de diversas latitudes).

Es fundamental, asimismo, conversar de quiénes son y por qué fueron elegidas las personas del círculo de cuidado, pero sin cuestionar sus elecciones. Si notamos que hay alguna que nos resulta particularmente preocupante (por ejemplo, una tía o primo mayor o padrino que no tiene límites, que establece relaciones demasiado intensas, o que continuamente fuerza cosquillas e interacciones físicas), necesitamos redoblar atención, si es posible explicitar a esa persona nuestras preferencias acerca de cómo interactuar con nuestro hijo/a.

Recordemos explicitar a los niñxs que en su círculode cuidado (o su lista de personas favoritas que los cuidan) se pueden agregar integrantes o bien, que puede haber “turnos” -un concepto con el cual los niños están familiarizados- y por ende, ellos pueden perfectamente cambiar a una persona por otra. Estas instancias, por último, son propicias para conversar en general sobre el rol y responsabilidades del mundo adulto en el cuidado (y todos: bomberos, carabineros, choferes, personal de salud, gobernantes).

En relación al círculo de cuidado, por último, es muy recomendable que conversemos y compartamos con quienes fueron nombrados por nuestros niños en su círculo de cuidado, cuáles son las expectativas que trae consigo este “nombramiento”: la disposición a escuchar sin juicios, a creer y acoger lo que los niños cuentan (luego podemos examinar o preguntarnos por esos relatos lo que queramos, pero al escuchar, acogemos sin cuestionar ni ponerlos en duda, sólo escuchamos), a estar disponibles pues en situaciones de “malestar” la recomendación es recurrir, contar y/o pedir ayuda de inmediato a alguien del círculo de cuidado.

La afirmación, explícita o no, es todo el tiempo: “yo te cuido, yo te aprecio, yo te creo”. Por cierto, es necesario que todos nos ayuden -me refiero a quienes son parte del círculo de cuidado- compartiendo oportunamente toda información que nos sirva para proteger y orientar mejor a nuestros hijos.

Como una música que siempre acompaña, los “derechos de los niños”, al menos los que dicen relación con el respeto a su integridad, el buen trato, la protección, el derecho a estar saludables y seguros, a contar con cuidados.

En relación a las partes privadas, partimos de la base que es indispensable enseñar sus nombres correctamente y reforzarlos de forma constante (más aún si todavía se usan apodos cariñosos para nombrarlas a veces). No se hace fácil compartir orientaciones como “nadie puede pedirte tocarlas o que le toques sus partes a otro”, pero todo dependen del tono en que lo hagamos, la carga o naturalidad que imprimamos a ese mensaje. Es un mensaje protector, es empoderante, va con amor: no necesita ser tenso o sombrío. Sereno y claro, eso sí.

En relación a los secretos, reforzar la noción de que no son secretos sino “sorpresas” los regalos o fiestas que se preparan para personas queridas, sin que podamos contarles por un tiempo. Hablemos con amiliares y amistades para que ojalá compartan esta noción también y eviten naturalizar los secretos. Igualmente, si algo es privado o personal, no es sinónimo de “secreto”. Que no compartamos algo con los demás no significa que lo ocultemos, o que no confiemos en alguien. Por ejemplo, en el colegio cuando comienzan los niños y niñas a hablar de un amigx especial o un niñito/a que “les gusta”, no hay obligación de contarle a medio mundo o responder preguntas (así sean nuestras, o de los abuelos, etc). Pueden responder “es personal”, o “ahora no quiero hablar de esto, gracias”.

Cuántas veces nosotros como adultos no hemos querido compartir un proceso íntimo y terminamos a contrapelo contando la historia completa sólo para que nuestra reserva no se interpretara como algo negativo, oculto, o vergonzante, o como poco afecto o desconfianza por nuestro interlocutor. A muchos no nos enseñaron de niños que hay temas, espacios “personales”, simplemente. Tampoco nos enseñaron que no estábamos obligados a saludar de igual forma a todas las personas, o a que teníamos un cuerpo al que podíamos llamar “mío” y prodigarle afecto y cuidados, o que era un derecho de los niños establecer ciertos límites y decir NO si algo nos hacía sentir incómodos, confundidos o asustados. El reforzamiento de esta idea de los límites y el NO es fundamental como factor protector en la esfera del abuso sexual, y en otros dilemas que irán enfrentando nuestros hijos conforme crecen y la relación con sus pares aumenta en importancia, junto a  las presiones sociales, también.

Más que el abuso sexual y su prevención que es absolutamente indispensable y una responsabilidad nuestra, todos estos materiales que estamos compartiendo convergen en algo mucho más vasto que es el desarrollo del consentimiento. Estamos construyendo su suelo desde que nacen nuestros hijos, y en la etapa prescolar y escolar temprana nos jugamos una tremenda oportunidad de hacerlo sólido para el futuro. Gracias por concurrir, una vez más, VJ. Les invito a conocer la tabla:

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