Tareas: sí es “para tanto”

“La correlación promedio entre el tiempo invertido en tareas escolares y el logro académico alcanzado por estudiantes hasta quinto básico es cercana a cero”. Harris Cooper

Nota previa: Si no hay tiempo para leer este escrito (que resume evidencia y un buen número de historias y reflexiones), les pido que por favor sí destinen 4 minutos a un video (ver pie de página) que pone en inclemente perspectiva la problemática de las tareas y el imperativo del cuidado de la niñez. 

¿Mamá/papá vamos a caminar un rato, te cuento algo, juguemos? “No podemos, hay que terminar la tarea”.¿Imaginarán los profesores la pena y la frustración que sentimos en esos NO? ¿Se sentirán los maestros tan agobiados como muchos de sus alumnxs y familias, a causa de las tareas y otras exigencias del actual sistema educativo en Chile?

Hace casi tres años publicamos un extenso artículo (ElPostCL) sobre los cuestionamientos al valor de las tareas para la casa. La evidencia internacional indica beneficios reducidos y advierte sobre efectos negativos. En muchos países están siendo repensadas, reducidas drásticamente, o eliminadas. ¿Y en el nuestro?

En Chile, no disminuyen los relatos de niños infelices, y padres y madres estresados por la extensión de la jornada escolar -que ya es muy larga, 30% más de horas desde la entrada en vigencia de la jornada completa- en el hogar, mediante “tareas para la casa”. Otras familias, angustiadas por el imperativo del “rendimiento” y el “éxito académico” (no surgidos de la nada, sino como resultado del modelo actual), piden aumentar ejercicios y pruebas para sus hijos de todas las edades. (“más exigencias” y no “oportunidades”, que es muy distinto y urgente; de las mayores inequidades en nuestro país).

Son niños, sus años de infancia, de aprendizajes. En Chile, un número todavía considerable de establecimientos, UTPs y/o docentes (muchos, obligados a hacerlo) llenan las agendas escolares de los niños con “ tareas” o “deberes” -breves o extensos, da igual- para una semana, o el mes completo, muchas veces sin respetar fines de semana ni vacaciones de invierno. ¿Consideran las tareas las necesidades del desarrollo infantil (cuerpo, mente, afectos y vínculos), la diversidad de los niños, sus capacidades diferentes? 

Recientemente un informe de la OMS (2014) asimismo señaló que la carga de tareas afecta negativamente la salud infantil  aumentando el estrés (y abriendo un flanco donde puede menguar la salud física junto a la psicologógica)El aporte de la tarea al proceso de aprendizaje se ha evaluado y continúa siéndolo. Se repiten advertencias sobre la vulneración de DERECHOS del niño y necesidades de salud, descanso (mental y físico, en cuerpos pequeños, en crecimiento), de jugar, explorar otros aprendizajes, o compartir con la familia, cultivar vínculos. Las tareas excesivas están totalmente desalineadas de estas necesidades del cuidado.

Son 6 u 8 horas de jornada escolar completa o extendida, casi equivalente a una jornada laboral adulta. Con la diferencia que nosotros no somos obligados a llevar trabajo al hogar para dos o más horas adicionales al final del día, ni a mostrar sus resultados a la mañana siguiente, o ser responsables de proyectos a realizar en feriados y vacaciones. Dudo que aceptáramos una rutina así, y además existen marcos legales que nos protegen. Los niños no tienen alternativa. ¿Qué podrían hacer: a quién deben pedpedir cuidado y respeto por la Convención de derechos del niño (CDN), y por más de un principio que es vulnerado por la carga excesiva de tareas para la casa?

La política nacional de infancia, no existe, no aún, y hemos esperado 26 años ya. Los derechos de la CDN tienen valor de ley en CHile, pero no son universalmente exigibles y sólo contamos por ahora, con un proyecto de ley de “garantías integrales” muy mal evaluiado por organismos de infancia y abogados expertos. Junto al proyecto para el Defensor del Niño (un organismo que se independiente de los gobiernos de turno), son parte de una “agenda larga” del Ejecutivo.

Uno piensa en cómo estudiantes secundarios y universitarios se han movilizado, y profesores, por la educación. Pero cuando se trata de los niñxs, la empatía, el sentido de justicia, parecen dismunir, y más en temas como las tareas, que no se ven como prioridad, aun cuando estén afectando la salud infantil. Pero si hay una pregunta en torno a las tareas es justamente porque importa qué estamos haciendo en el universo mayor de la educación, y por el gran valor que le conferimos para el desarrollo de cada ser humano y de sus comunidades. La pregunta tiene mayor sentido, todavía, cuando observamos la evidencia.

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EVIDENCIAS para la reflexión

Países que consideramos exitosos y modélicos en educación -y que además tienen de sobra fondos para invertir en investigación-, hace mucho han cuestionado las tareas para la casa.

Asimismo, existen cuestionamientos desde el frente de las familias: por ejemplo el best seller de 2007 The case against homework: How homework is hurting our children and what parents can do about it, escrito por dos madres (Sara Bennett, Nancy Kalish) que miles de padres han reconocido como voceras de su frustración y ansiedad de cambio. En España el 2015, una madre también enciende el debate cívico, al iniciar una campaña contra las tareas (ver aqui). La aceptación pasiva no es algo en lo que necesitemos continuar. Podríamos también hacer algo en nuestro país.

En Chile no contamos con posiciones unánimes, estudios nacionales no conozco, pero un reciente informe OCDE sitúa a Chile -con toda la presión de tareas, notas, y Simce- entre las 20 naciones donde existe un mayor número de estudiantes que no alcanzan el nivel mínimo que la OCDE considera exigible a cualquier adolescente de 15 años en este siglo (ver nota BBC 2016). Para pensar.

Durante años hemos escuchado hablar de Finlandia, con un país que exhibe los mejores resultados en educación primaria (PISA, 2015), pero no llegamos a imitarlo (y no digo que debamos, tenemos nuestra propia cultura y realidades, pero llama la atención la enorme brecha, una más, entre dichos y hechos).

Los niños finlandeses comienzan su escolaridad a los 7 años, las horas curriculares son menos y más los tiempos de recreo (en consistencia con necesidades y capacidades de atención y concentración infantiles), las asignaturas están siendo reemplazadas por “proyectos” transdisicplinarios y casi ningún maestro/a envía tareas para la casa. El trabajo escolar en Finlandia se realiza, obviamente, “en la escuela”, porque se valora y respeta la salud y el tiempo de los niños, su derecho al juego, al descanso, a compartir con su familia, a desarrollar una relación con amigos, comunidades, su mundo (ver nota con discurso de Jari Lavonen, decano de la Fac. de Educación de la U. de Helsinki en España, 2014).

Conclusiones de médicos norteamericanos de comienzos del 1900 ya señalaban que los niños necesitaban al menos 6 a 7 horas de aire fresco y sol (o luz natural) para fortalecer su desarrollo. Quizás a muchos puede parecerles una exageración, pero también es exageradamente insano que lo niños no cuenten con tiempo para ser niños.

En CHile, los niños juegan 6 mil horas menos de lo recomendado. Deberían ser 15 mil en los primeros 7 años de vida, pero en nuestro país les quitamos el equivalente a unos ocho meses, un 10% de lo que llevan vivido a los siete años). El aumento de horas de clases debido a la JEC -uno de cuyos compromisos era que no habría tareas para la casa- restó a cada día al menos dos horas de juegos y esparcimiento. Resultado: “el tiempo libre” de los niños, para muchos de ellos, corresponde al que se utiliza en trayectos hogar-escuela (Fondecyt, 2011, ver reportaje LT).

Escribo y recuerdo una entrevista memorable al astrónomo Gaspar Galaz (Septiembre 2013, El Mercurio, pgs 4-12) donde pedía cuidar y alentar el sentido de maravilla en la niñez, sus juegos, imaginación, y el cultivo del “ocio” como un repertorio evolutivamente indispensable. Ahí hay una fuente infinita de riqueza creativa.

Los niños son aprendices naturales; su curiosidad está viva (y necesitan, como “cachorros humanos” asimilar todo lo necesario para un día vivir sus propias vidas: por supuesto que se orientan hacia el aprendizaje!!). Cuánta pasión, y talentos de los niños y niñas se pierden en cada generación, debido al sistema educativo

La pérdida de creatividad de la niñez vinculada a las tareas se aborda en un estudio del año 2013 que cubre 75 años de investigación en el Reino Unido (Institute of Education, University of London) a cargo de Susan Hallam -vale la pena conocer su trabajo- quien concluye que las tareas, pese a la creencia de maestros y apoderados sobre su vinculo con mejores resultados educativos, representan menos de un 4% en las diferencias de rendimiento de los alumnos en diversas evaluaciones académicas.

Sí es mayor su impacto negativo en el desarrollo de los niños (en un período de máximas posibilidades, con un cerebro joven y en proceso de maduración), y en la motivación para aprender. Hallam propone con urgencia, que se revise el modelo dominante de tareas y el argumento de que éstas son “un medio para reforzar aprendizajes, y promover el trabajo independiente y responsabilidad en los niños” (si un maestro así lo cree, ok, para eso está la extensa jornada escolar, no el hogar). El desarrollo progresivo de la autodisciplina es algo mucho más trascendental y portentoso, y no pasa por la mera repetición (para formar”hábito”) o la sobrecarga de tareas.

Por encima de todo, el pedido de Hallam es para que las sociedades no continúen derrochando inventiva e inspiraciones de los niños por culpa de métodos anticuados e inefectivos. Arriesgamos una pérdida de “bienes” para la vida de todos, partiendo por el estudiante y alcanzando a la sociedad en su conjunto

La revisión más larga y exhaustiva que he encontrado de las tareas y su impacto se realizó en EEUU. La atención comienza en los 1800, es notable (ver “Villain or Savior? The American Discourse on Homework, 1850-2003”). De décadas recientes, destacan las investigaciones de Harris Cooper. Dos extensivas revisiones, la primera de 20 años y 120 estudios (entre los ‘60 y ‘80), y la segunda de 60 estudios (1987 a 2003), lo llevaron a concluir que el valor de las tareas hasta quinto básico es muy cuestionable y no significativo para el logro académico”. Otro estudio del 2011 concluyó que los adolescentes que excedían los tiempos óptimos de tareas/estudio en casa, mostraban apenas un 3% de mejora en pruebas de matemáticas, y cercano a 0% en las demás asignaturas.

Cooper advierte además sobre el impacto negativo de las tareas (en sus formas tradicionales) para los niños: pueden ser muy contraproducentes, desmotivadoras, y su carga, dañina en un importante número de casos. De hecho, es preocupante el aumento de trastornos psicológicos y cuadros ansiosos en los escolares, y de desórdenes antes limitados al mundo adulto, como el colon irritable, pregunten a pediatras o gastroeneterólogos infantiles en nuestro país). Si las tareas tienen valor, observa Cooper, esto ocurre recién hacia la adolescencia, en el tramo entre séptimo básico y segundo medio, y sobre todo bajo la forma de proyectos, trabajo en equipo, etc..

Otros expertos, describe Cooper, adjudican algún valor a las tareas siguiendo la “regla de diez minutos”: una práctica común y reconocida entre pedagogos que señala como cantidad óptima de tarea para la casa diez minutos en primero básico y diez minutos más por curso, llegando a un máximo de dos horas en segundo medio (y no más, hasta el término de la secundaria). Sobre dos horas, no se observa correlación alguna con mayor logro académico.

En diversos países han sido numerosas las escuelas o sistemas educativos que han reducido o suprimido las tareas en pos del juego libre y de otras actividades que beneficien el desarrollo infantil, la creatividad y habilidades para la vida. El aprendizaje digital hoy es un tema y desafío inmenso, y requiere también un desarrollo, tiempo, guiar a los niños y propiciar su autonomía de la mano del  autocuidado.

Otro frente de reforma están siendo las notas (ref: Alfie Kohn , autor, entre otros, de Unconditional Parenting, y The homework Myth, libros indispensables, junto a este artículo sobre las notas “The case against grades”), y el sometimiento de los niños y de la educación a las pruebas estandarizadas. El “éxito” está de alguna forma secuestrado por el “rendimiento” y por la competencia, y desvinculado de nociones como bienestar, bienes para la vida, bien común. Separado incluso de lo más importante: aprender.

En EEUU, por ejemplo, el movimiento contra las pruebas estandarizadas (que se define a sí mismo como un “movimiento por los derechos civiles”) está ganando cada día más adhesión y al 2015, EEUU enfrentaba el mayor boicot de su historia: sólo en NYC, 200,000 familias eximieron a sus hijos de las pruebas (lecturas muy recomendables: este artículo histórico de Alfie Kohn, otro sobre la lucha que están dando las escuelas y por último, del Washington Post 2015, la voz de organizaciones ciudadanas a favor y en contra del boicot).

Las pruebas estandarizadas suelen ir de la mano con modificaciones del curriculum (no al servicio del niño, sino del test y de todo un modelo educativo) y con el aumento de ensayos y tareas para que los alumnos logren puntajes más altos. Ha habido escuelas en EEUU donde un 80% de los padres ha declinado que sus hijos las rindan, primero, por respeto y cuidado a los niños, y sobre todo, en reproche a un sistema que impone metas (“educativas” es opinable) mientras ignora la inequidad y el irrespeto a los DDHH de niñas y niños.

Los argumentos previos, perfectamente, podrían ser los nuestros y es importante saber que tenemos derecho a autorizar, a decidir si nuestros hijos rinden o no la prueba SIMCE. Esa decisión podrá necesitar discernimiento, diálogo, acopio de información, pero no dejemos de reconocerla como nuestra (ver video informativo, y recomiendo conocer la campaña @altoalSimce ).

/Una lectura sugerida: “Es oficial, las tareas están destruyendo a nuestros hjos (y científicos piden prohibirlas)”.

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TAREAS Y DESIGUALDAD

El año 2012 el Presidente de Francia sorprendió al mundo anunciando que dentro de las reformas que promovería para modernizar la educación en su país, estaba la erradicación (completa) de las tareas para la casa. El argumento: cuidar la igualdad en el derecho a la educación, y mejorar la motivación y desempeños académicos.

Junto a la evidencia en números indesmentibles, debe estar la pregunta, el examen ético acerca de las tareas para la casa. La equidad es un valor que atraviesa cualquier consideración y decisión en torno a esta práctica pedagógica.

En el colegio, cualquier deber o ejercicio se realiza bajo condiciones relativamente similares para todos los niños, todos por igual. No así en los hogares, con sus muy distintas realidades.

La desigualdad no es sólo la más evidente –como informaba el reporte de bienestar de Unicef hace un par de años- en el acceso de todos los niños a educación de calidad, o la desigualdad entre niños de familias con mayores o menores recursos donde ni siquiera el espacio para realizar una tarea existe, o el tiempo (porque hay niños que luego de la escuela, trabajan o cuidan a otros niños o adultos de sus propias familias). Es también la desigualdad que castiga las diferencias y diversidad vinculada a las familias en sus dinámicas y composición, el lugar donde viven, quiénes o cómo son los padres y madres, o cómo está su salud.

Una profesora chilena comentaba cómo se daba cuenta de situaciones dolorosas mediante las tareas no-realizadas de sus alumnos (ella no era partidaria de enviar trabajo para la casa, pero su colegio y UTP se lo exigían). Por ejemplo, en casos de divorcios, no llegaban hechas porque los niños comenzaban a ir de una casa a otra (de los padres, abuelos, diversos cuidadores en días de semana), o las mamás (y papás, aunque menos) que antes trabajaban en su casa, free-lance o media jornada, por necesidad debían pasar a empleos de jornada completa con horarios que obstaculizaban la vida familiar. Esas mamás llegaban a las 8, 9 de la noche o después (dependiendo de hora de salida y disponibilidad del transporte público), agotadas y con ganas de ver a sus hijas/os antes de dormir para regalonear, no para revisar tareas, encima, muchas veces anodinas, aburridas.

La misma profesora, relataba otro caso del cual supo muy tarde (sólo ahí pudo apoyar). Una mamá separada, extranjera, enfrentó un cáncer. Estaba sola en Chile, sin parientes ni red de apoyo, y no pidió ayuda ni informó al colegio cuán enferma se encontraba (habrá tenido sus motivos). Para ella era físicamente imposible ayudar a su hijo de sólo 6 años a preparar dictados o controles de matemáticas, o hacer la más mínima tarea, las tardes de regreso de la quimioterapia. Sus tareas no realizadas afectaron sus notas, y también su relación con compañerxs que lo molestaban por “flojo” (y más de un apoderado/a diría “¿y dónde están los papás de este niñito?”). La inequidad es a todas luces demoledora.

Las historias anteriores dan para pensar, y muchas otras situaciones no llegan a ser conocidas pero existen. Pensemos en niños con ritmos distintos para aprender, inteligencias diversas, necesidades educativas especiales, niños migrants (y cuya lengua nativa ni siquiera es el español), niños en los hogares de protección, ¿cómo hacen las tareas solos?

Si muchos niños no pueden “cumplir” no es por flojos ni irresponsables, tampoco por “consentidos” o “sobreprotegidos” como he escuchado decir a más de un adulto, con la mayor frialdad: NO pueden cumplir simplemente porque algunos son muy pequeños, tienen 5, 6, 8 años y por su edad todavía necesitan de apoyo en muchos “deberes”. Y niños mayores también, si sus tareas no están diseñadas para hacerlas con “independencia” o si requieren de un material que los apoderados deben ayudar a conseguir.

En el fondo, lo más triste, es que si encontramos alumnos que “no cumplen” es porque desde el mundo adulto se los impedimos al no garantizar ni cuidar condiciones iguales para favorecer sus aprendizajes (en este caso, las tareas en la casa), y  al permitir que situaciones familiares o realidades ajenas al colegio sean determinantes en trazar esa línea que separa injusta e insensiblemente a los niños que “sí cumplieron” de los que “no cumplieron”. Es una forma de maltrato, también.

Los niños que por motivos ajenos a su voluntad, llegan al colegio sin la tarea, muchas veces sentirán nervios, vergüenza, inadecuación, y hasta sensación de “fracaso” o incompetencia (aun con un profesor comprensivo). Más de algunx podría decir a su mamá/papá: “en mi escuela piensan que no te preocupas de mí porque no llevo la tarea”. Hay familias que sí pueden apoyar, y otras, por distintos motivos, no, y no necesariamente significa que “no se preocupen”.  ¿Por qué no es posible cuidar y asegurar que niños distintos, en contextos inclusivos, cuenten al menos con la igualdad, en la escuela, de poder realizar ahí sus deberes, sus “tareas”, e interactuar con sus profesores mientras leen o estudian? Se trata de un estándar mínimo, y uno que merece toda nuestra atención y defensa

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SOMOS LA VOZ DE NUESTROS HIJOS

Los papás y mamás –y varios profesionales, incluidos maestros- que cuestionamos las tareas, estamos motivados por el cuidado de nuestros niños y la relación de éste, indivisible, con la educación.

Claro que hay emoción, y afecto, en nuestra resistencia: actos de contemplación, de escucha, de  “tomar el pulso” y recoger la voz de nuestros hijos y traerlas al frente, organizadas en argumentos que nosotros sí podemos plantear ante autoridades y docentes. Y también hay mucha cordura en nuestro esfuerzo y en nuestro derecho, a lo menos, de preguntar por qué las cosas se hacen de una determinada manera (cuando existe tanta evidencia contraria), o cómo podemos hacerlo mejor, amplificar posibilidades, transformar radicalmente lo que haga falta.

Internet y los medios de comunicación han hecho accesible mucha informaciónque nos despierta muchas preguntas. “No ser experto” no nos invalida como familias, todo lo contrario: es justamente lo que habilita nuestras inquietudes frente al sistema educativo. Esperamos que cuide a nuestros hijos y su derecho a educarse sin necesidad de extenuar su curiosidad y alegría de aprender en un mundo y una época que exige habilidades y disposiciones que nuestra educación no está habilitando de modo equitativo para todos los niños. En tiempos recientes se deja sentir  un cambio de energía en muchos docentes, también. En el 2014, por ejemplo, el profesor Manuel Astorga y sus alumnos (de Puente Alto, Santiago, ver nota) derriban el mito de que “al menos en matemáticas, no se puede prescindir de las tareas para la casa”.Para pensarlo.

De la trayectoria educativa -12 años, en general-, surgirán proyectos de vida, y futuros científicos, innovadores, artistas, pensadores, y tantos oficios que en el engranaje colectivo, fortalecen a cada comunidad o país, al planeta, en fin. Estamos, además, viviendo un proceso de reforma de la educación en CHile: es un tiempo más que propicio para poder informarnos, influir, hacernos parte, revitalizar nuestro rol como ciudadanxs padres y madres.

Puede ser desde la pregunta por las tareas, las notas, el Simce, las relaciones docentes-niños-familias, la equidad, la innovación, el sueño de país a 50-100 años (y la educación es LA gran herramienta), pero desde donde sea, qué importante es estar todos atentos y presentes.

Desde dónde nos encontremos, y aun teniendo diversas posiciones en relación a las tareas, tenemos derecho a conocer qué experiencias han recogido los docentes y expertos de educación en nuestro país, en relación a las “tareas para la casa”, sus usos y abusos, cuándo tienen beneficio y cuándo no, cómo se adaptan a distintos ciclos de enseñanza y a la diversidad de niños y niñas, familias y comunidadesQué criterios o recomendaciones pueden compartir desde Mineduc; qué guías que nos ayuden, qué formas tiene de propiciar que se cumpla el compromiso asumido con la JEC, y en protección integral de la niñez, mediante la promoción de sus derechos.

La conversación y acción colaborativa son indispensables, no así las omisiones, la resignación o la lógica de “hechos consumados”, inalterables. Todo parte con las preguntas acerca de la educación, y  eso incluye  las tareas para la casa. No son un tema menor ni deberíamos abstenernos de conversarlo: somos responsables del cuidado de nuestros hijos. ¿Cuál es el punto de máximo estrés o sufrimiento que necesita arriesgar un niño para que una escuela o un docente revise sus métodos? ¿Qué caminos tenemos como padres y madres? ¿En qué podemos contribuir también?

NOTA: si papás, mamás quieren consultar pueden escribir a:  transparencia.pasiva@mineduc.cl (existe un FORMULARIO para descarga) y preguntar por “los programas de estudio y el nombre de los textos escolares a través de los cuales la UNIDAD DE CURRICULUM Y EVALUACIÓN DE LA DIVISIÓN DE EDUCACIÓN GENERAL entrega a los establecimientos educacionales, las directrices para el uso pedagógico de los deberes escolares”. 

En respuesta via transparencia, el Ministerio comparte lista de estudios (internacionales) muchos de los cuales confirman cuestionamiento a las tareas, y está, además, el intercambio epistolar con Psicól. Maria Elana Montt que el año pasado hizo pública su preocupación al respecto (ver cartas y respuesta de Mineduc). ¿Cómo leemos estas señales?

Termino con esta historia de una familia en Canadá (2009), ejemplar: una pareja de padres, ante la imposibilidad de entendimiento con profesores y autoridades, y luego de años de frustraciones y deterioro de la salud mental de sus hijos y del vínculo familiar debido a la carga de tareas, decidieron demandar al colegio y al Estado. Resultaba inaudito pensar en una querella por “las tareas”, pero provistos de múltiples estudios y contando con el respaldo de profesionales (muchos se plegaron a la causa incluso de forma gratuita), ganaron la batalla legal para que las tareas, cuando se justificaran, se realizaran en el colegio, respetando ritmos evolutivos de los niños, sus derechos, el principio de igualdad, y no fueran utilizadas  como método de evaluación del desempeño académico. Sentaron precedente: su victoria alcanzó a otras escuelas (antes de enfrentar demandas) y muchos otros padres y madres siguieron el ejemplo. Como para tomar nota y no es un llamado a la revuelta ni al conflicto, pero sí a nuestro compromiso, y si hace falta, la acción conjunta, organizados (no hay otra forma), también aquí, en CHile.

Las prioridades y urgencias no las olvidamos por un momento, y frente a la crisis de la educación u otras fosas mayores (las desigualdades abismales, la pobreza, el abuso sistémico,) el tema de las tareas puede caer fácilmente en la categoría del “no es para tanto”. Pero lo es, claro que sí, como cada universo donde sintamos que se descuida a la niñez, y en el compromiso por cada pequeño o gran cambio que podamos acompañar o movilizar desde el deseo de construir una cultura de cuidado y de respeto a los niños como seres humanos con derechos y con un presente/futuro que les pertenece.

Somos muchos, tenemos muchas manos, y podemos destinar más energía, todavía más, si se trata de la salud y vigor de alas de la nueva generación. En lo que toca a la niñez, sí es “para tanto”. “Para tanto” siempre está muy bien.

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Video: Horarios Laborales, “¿en qué trabajas?” aquí, en español, subtítulos en inglés

Imagen: ilustraciones de Francesco Tonucci (pensador, educador y dibujante italiano, autor de “La ciudad de los niños”, “Con ojos de niño”, “Niño se nace”, entre otros)

Gracias Archivo ElPostCL

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