Gracias, y lo que viene

Termina una semana importante. En Chile, se ha logrado dar un paso más, sólo uno de muchos pero valioso, para legislar en favor de la despenalización de la interrupción terapéutica del embarazo por 3 causales humanitarias: una de ellas, el crimen de violación que afecta mayoritariamente a las niñas, en nuestro país (distintos reportes informan 66%, 70%, 85% inclusive, del total nacional de víctimas, correspondientes a niñas menores de 18 años).

La causal de violación, que es la que mayor debate ha generado, fue ratificada en el trámite del pasado martes 15 de septiembre, completando así el voto de la comisión de salud por el Proyecto Ley (PL) presentado por el Ejecutivo.  Es importante recordar que todavía quedan etapas relevantes como la discusión de fines de septiembre en la comisión de Constitución del Congreso, y la votación del PL en la Cámara de diputados programada para el próximo 7 de octubre, 2015 (es importante interpelar a nuestros representantes sobre estas decisiones).

Más allá del mucho camino que nos queda, es importante valorar lo que se ha recorrido hasta aquí. Haber votado en favor de despenalizar la causal de violación, habla de un reconocimiento de sufrimientos reales, vividos por compatriotas niñas y mujeres, y de  vulnerabilidades –que son parte de todxs, por nuestra condición humana simplemente- frente a las cuales resulta imperativo responder desde los derechos, la salud y la ética del cuidado. Con respeto por la dignidad de las víctimas (cada una), y también desde el compromiso por prevenir estas tragedias para toda nueva generación.

Desde la consciencia de nuestra vulnerabilidad, y nuestra necesidad de concurrir unos por los otros, quiero dar las gracias a todas las personas, mujeres y hombres, de distintas edades y avenidas, también parlamentarias y parlamentarios que recibieron un escrito – “Carta” (leer aquí)- que recogía la experiencia vivida por sobrevivientes adultas de violaciones que fueron parte de historias de abuso sexual infantil (ASi).

Una diputada del Congreso Chileno, la Dra. Marcela Hernando -gracias, muy especialmente-, leyó parte de esa carta ante la Cámara, en un acto que visibiliza a las niñas víctimas, y en un gesto que se sintió, además, inmensamente reparador para niñas y mujeres de todas las edades.

Fuente de gasa, de voz, ese gesto. Posibilitar algo bueno, justo y quizás hasta bello (como en la obra de la artista cuya fotografía acompaña este posteo). Poderoso, como conferir existencia. Y que “lo inenarrable” (en palabras de Judith Herman) puediese contribuir en algo al colectivo, desde el diálogo por una ley indispensable.

También querría agradecer a mujeres y hombres cuya postura es no despenalizar bajo ningún punto de vista, pero que asimismo estuvieron al menos dispuestxs a dialogar sobre puntos planteados en esa “Carta”, de manera respetuosa. En el clima tensionado que vivimos, valoro inmensamente la actitud de no-agresión y no-descalificación en sus interacciones, y la sinceridad en plantear preguntas que reflejan genuino interés por comprender –sin compromiso de apoyar o concordar, pero al menos comprender algo más de una realidad desgarradora.

Queda camino. No se agota el diálogo y por el contrario, creo, ha faltado. “Debatir” parecemos tomarlo como distante o distinto a “dialogar”, pero no lo es. La convicción que dediquemos a nuestras posiciones, proposiciones y aspiraciones en diversas instancias de conversación, no es un impedimento para el trato respetuoso entre quienes sostienen posturas diferentes o antagónicas inclusive. Es más, y da para otro escrito, es muy difícil comprender que se defiendan posturas, legislaciones o “causas” a punta de insultos, vociferaciones y violencias. No veo qué adhesiones o progresos pueden lograrse ofendiendo y alienando a otrxs.

En el tránsito hasta poder contar con la mejor legislación posible en relación a las 3 causales(*), insistir en el registro esperanzador de la votación del martes pasado:

Esperanza de concretar un sueño que es mucho más que reparar daños y algún día erradicar la violencia sexual o disminuir el número de violaciones de las niñas –y mujeres, y niños, y jóvenes y hombres también, no lo olvidemos- en un país que puede ser el nuestro y muchos otros (la tierra entera). Mayor, mucho mayor, es el sueño de transformarnos en un colectivo que cuida como si eso, y usando palabras de mi maestra Pía Barros, “fuera una religión”.

Un colectivo al que le importa, realmente, evitar a toda costa daños que sean evitables a sus niñas (y a todxs), y al que le importa reparar, y hacerse parte de estos esfuerzos que necesitan desplegarse en comunidad.

Un colectivo que por encima de todo se siente empoderado y se da derecho de aspirar, habilitar y exigir también, el más alto bienestar para cada niño y niña que nace o vive en Chile (y para todxs nosotrxs ojalá).

Conscientes de que la infancia requiere y merece una atención privilegiada, y no entendiéndola solamente como una etapa precursora de la juventud y/o adultez (y por ende una etapa “útil” o funcional para prevenir tragedias a futuro, delincuencias, sociopatías y otras “desadaptaciones sociales”), sino como un tiempo de la vida que tiene dignidad en sí misma, y que nos invoca no solo desde su indefensión sino desde el respeto y empatía por cada niño y niña con quienes compartimos la experiencia cotidiana

Que la invocación sea desde nuestra emoción. Desde nuestro amor. En la memoria de cada unx; de cuerpos y trayectorias que comenzaron para todxs, durante nuestra niñez. Una niñez que podemos tomar o no desde el imperativo ético que entraña (ojalá sí) pero ojalá siempre, a lo menos, pudiéramos tomarla como una fuente para hacer, inspirarse, disponerse en alguna medida.

Estamos a la espera –pronto, ojalá- de otro PL trascendental: de garantías integrales para la infancia. No conocemos aún el texto del PL, pero debería constituir un aporte no menos que fundamental (de no ser así, hemos perdido aún más tiempo) en materia de protección de todos los niños, niñas y adolescentes (NNA).

Sin ánimo de desmoralizar, hemos fracasado colectivamente en el cuidado, de manera no menos que rotunda, si en nuestro país las víctimas de abuso sexual infantil, incesto, violaciones, siguen siendo miles (las estimaciones del Ministerio Público, hace una año, eran demoledoras: cada 33 minutos un niñx vive abusos sexuales en nuestro país, en su mayoría a manos de familiares). Desconocemos cuántos son lxs sobrevivientes adultxs de ASI, pero me atrevería a decir que son muchísimas las familias en las cuales se conoce o sospecha esta fractura en la historia de sus generaciones.

Aunque en el diálogo cívico no los veamos unidos (organizaciones feministas poco han hablado del drama de las niñas, y aquella dedicadas a la niñez se han sentido bastante ausentes, hasta ahora, en aportes para ayudar a comprender el drama que viven las víctimas de violación y embarazo infantil; y sí, es un reclamo), los proyectos de ley de 3 causales -en la causal de violación- y de protección integral de la infancia NO SON separables. La infancia es una sola.

Toda legislación que involucre a la infancia,  debe hacerse obligatoriamente cargo, por una parte, de enmendar nuestras falencias en el cuidado y respeto de la niñez, y por otra, de encontrar formas en verdad útiles para responder a daños presentes, al tiempo que se previenen heridas futuras.

Los actos de gratitud no excluyen ni impiden expresar pedidos y éste es uno concreto, para el tiempo presente: no separemos más, por favor, esfuerzos ni miradas sobre sufrimientos infantiles, ni sobre la deuda que nuestra democracia tiene con sus ciudadanxs niñas y niños.

Las niñas víctimas de violación/embarazo, los niños y niñas víctimas de abusos sexuales y de violencia física y psicológica, los niños y niñas que llegan a Sename, los niños y niñas que viven en Chile, merecen todxs por igual cuidado y buenos tratos, la mejor educación y estímulo a sus sueños y talentos. Son todxs ellxs, todos juntos, “la infancia”. No lo olvidemos.

Tenemos, en lo que queda de esta año, una oportunidad más de pensarnos en relación a los DDHH en general, y de la niñez, en particular, como una herramienta de transformación como país. Hasta llegar a una era donde estas palabras de George Orwell que vuelven y vuelven esta semana, lleguen a ser por fin, un eco antiguo:

“La pregunta relevante es si todavía podemos creer “normal” una niñez vivida en años de terrores inconcebibles y malentendidos demenciales. Henos aquí, contra la dificultad mayor de conocer qué siente y piensa un niño, realmente. Un niño que parece razonablemente feliz puede estar sufriendo horrores que no es ni será capaz de revelar. Nuestra clave capital, es haber sido nosotros, niños alguna vez. Y demasiadas personas parecen olvidar la atmósfera de su propia infancia, casi completamente” George Orwell

(*) Lecturas imprescindibles: Elisa Walker, entrevista 2014  y de la académica y abogada Verónica Undurraga (U. Chile- UAI), 2015: Acompañamiento respetuoso y Leyes de hombres, vidas de niñas.

Fotografia: Samara Scott’s Poems (2013, obra en gasa, organza, materiales reciclados).

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